Antu y la Vía Láctea

Esta imagen muestra una hermosa escena nocturna en el Observatorio Paranal de ESO, en Chile.

Abarrotada de gas brillante, polvo oscuro y fulgurantes estrellas, la destacada y refulgente banda de la Vía Láctea cruza el centro de la escena, de modo que parece hundirse para encontrarse con el resplandeciente horizonte. En el centro de la imagen vemos la estructura en forma de caja de UT1 (Antu), una de las cuatro Unidades de Telescopio que componen el Very Large Telescope (VLT) de ESO; a la derecha, vemos un Telescopio Auxiliar, más pequeño, cuya cúpula se abre de par en par mientras observa los cielos. Con sus ocho telescopios, cuatro de los cuales —los auxiliares— son móviles, el VLT puede actuar como un interferómetro altamente sensible— tan sensible, de hecho, ¡que podría distinguir los dos faros de un coche situados a la distancia de la Luna!

Los hermosos y fotogénicos cielos que hay sobre el VLT son algunos de los más claros del mundo, como lo atestigua aquí el detalle de la Vía Láctea y el evidente brillo de Júpiter, el gran objeto a la izquierda de la imagen. El tono verdoso del horizonte es un fenómeno conocido como luminiscencia nocturna (airglow en inglés) y se debe a la débil emisión de luz de la quimioluminiscencia que tiene lugar en la atmósfera. La luminiscencia nocturna y otros efectos atmosféricos como la turbulencia, son los motivos principales que hacen necesarios telescopios espaciales como el Telescopio Espacial Hubble de la NASA/ESA, que observan por encima de las frustrantes distorsiones ópticas causadas por nuestra atmósfera.

Antu y la Vía Láctea

Esta imagen muestra una hermosa escena nocturna en el Observatorio Paranal de ESO, en Chile.

Abarrotada de gas brillante, polvo oscuro y fulgurantes estrellas, la destacada y refulgente banda de la Vía Láctea cruza el centro de la escena, de modo que parece hundirse para encontrarse con el resplandeciente horizonte. En el centro de la imagen vemos la estructura en forma de caja de UT1 (Antu), una de las cuatro Unidades de Telescopio que componen el Very Large Telescope (VLT) de ESO; a la derecha, vemos un Telescopio Auxiliar, más pequeño, cuya cúpula se abre de par en par mientras observa los cielos. Con sus ocho telescopios, cuatro de los cuales —los auxiliares— son móviles, el VLT puede actuar como un interferómetro altamente sensible— tan sensible, de hecho, ¡que podría distinguir los dos faros de un coche situados a la distancia de la Luna!

Los hermosos y fotogénicos cielos que hay sobre el VLT son algunos de los más claros del mundo, como lo atestigua aquí el detalle de la Vía Láctea y el evidente brillo de Júpiter, el gran objeto a la izquierda de la imagen. El tono verdoso del horizonte es un fenómeno conocido como luminiscencia nocturna (airglow en inglés) y se debe a la débil emisión de luz de la quimioluminiscencia que tiene lugar en la atmósfera. La luminiscencia nocturna y otros efectos atmosféricos como la turbulencia, son los motivos principales que hacen necesarios telescopios espaciales como el Telescopio Espacial Hubble de la NASA/ESA, que observan por encima de las frustrantes distorsiones ópticas causadas por nuestra atmósfera.

Crédito:

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